Imagínese

Por: Joaquín Verduguillo

Solo por un momento piense que si Fuerza Popular fuera el Perú y la coalición vizcarrista un enemigo externo, en pocas semanas de una campaña militar incruenta el vecino que tanto nos envidia y tan poco nos quiere tendría enjaulada a la jefa de Fuerza Popular, roto en dos el partido más grande del país y convertido en Protector del territorio ocupado al ex portavoz del partido y actual conductor del congreso unicameral. Disparando muy pocas balas y utilizando la inteligencia desplegada por los integrantes de la oenegé más rica del subcontinente, el nuevo mandamás del país está haciendo cuentas con sus socios para ver quién se queda en el poder a partir de julio de 2021. Hay varias posibilidades, pero todas son hipotéticas.

Inteligencia
Me parece increíble que el congresista Marco Miyashiro, quien en septiembre de 2002 le dijo a La República: “(Benedicto) Jiménez era el mando militar. Él tiene un don especial para poder oler al terrorista. Esa cualidad no la tengo yo. Mi responsabilidad era hacer vigilancias encubiertas, hacer los contactos a nivel de comando y conducir a la unidad en sí”, no haya percibido en 2016 la existencia de una organización antifujimorista con cuadros, con dinero y con ambición, probablemente los tres ingredientes esenciales para el buen funcionamiento de una operación exitosa. Miyashiro no olió que Gorriti, gran amigo de Jiménez tenía gente, tenía plata y tenía ganas de hacerle el mayor daño posible a Fuerza Popular.

Contrainteligencia
Si el congresista Marco Miyashiro no se dio cuenta que un pequeño grupo antifujimorista bien pagado, bien comido y bien motivado podía hacerles enormes daños a su jefa y a su organización, y a causa de esos daños producir unos movimientos tectónicos de consecuencias impredecibles, entonces tenemos que preocuparnos ante la aparición de un nuevo movimiento terrorista, porque ni los policías más caracterizados lo reconocerían hasta que fuera un monstruo del tamaño que sendero luminoso alcanzó a mediados de los ochenta.

Culpable soy yo
No sé quiénes eran las personas que influían en Keiko hasta el día en que Concepción Carhuancho la mandó a la cárcel a pedido de José Pérez Gómez, pero quiero aprovechar estas líneas para manifestar mi más profunda decepción ante los doctorados y maestrías que esos ciudadanos ostentan. Si así son los mariscales, ¿hasta qué punto llegará la incompetencia de los tenientes y de los capitanes?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *