Gracias

Por: Joaquín Verduguillo

En días pasados, mi antiguo condiscípulo Fernando Viaña acreditó en estas páginas que este servidor había anunciado hace varias semanas el resquebrajamiento del llamado bloque en el poder, léase el variopinto conjunto de intereses e interesados que rodean al presidente Martín Vizcarra en su aventura gubernamental. Igualmente, mi viejo amigo recordó que yo les había pedido a los congresistas que, como medida de protección a futuro, legislaran contra los fiscales abusivos y los jueces que los secundan. Y apareció el congresista Clayton Galván para ocupar ese nicho carroñero. No importa quién lo hizo, querido amigo. Honor al mérito.

Allanamiento
Como quien no quiere la cosa, un funcionario de la Fiscalía ha iniciado una investigación tendiente a descubrir cuáles fueron las razones que empujaron a José Pérez Gómez a pedirle a Richard Concepción que le autorice el allanamiento de las oficinas de los asesores de Pedro Gonzalo Chávarry. Ni en esos días locos, ni hoy, es posible explicarnos qué esperaba encontrar el acelerado Pérez en dichas oficinas. Si esos asesores hubieran sido unos imbéciles, quizás Pérez habría encontrado drogas, armas o grabaciones de perversiones sexuales, pero ninguno de esos señores es imbécil ni tenía alguna de esas cosas prohibidas en sus centros de trabajo, ¿no?

Soberbia, mala consejera
Si algún chismoso le había dicho al fiscal -que cada día se despinta más- que en las oficinas de los asesores de Chávarry había documentos que incriminaban a Keiko Fujimori, entonces todo el operativo hubiera valido la pena, aún a costa de pagar el costo de una investigación como la que hoy enfrenta. Pero si eso hubiera sido así, Chávarry es un traidor por no haberlos destruido, un chantajista por tenerlos encaletados para usarlos después o un estúpido por conservarlos sin saber para qué. Pero como esas hipótesis son absolutamente descabelladas, lo cierto debe ser todo lo contrario: Pérez se creyó indestructible y abusó de su cuarto de hora de gloria. Y de la misma forma que Carhuancho en su conversación con Fernanda Kanno en RPP perdió por soberbio y bocón.

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