Déjame que te cuente…

Por: Joaquín Verduguillo

Hace no muchos años, cuando se podía fumar en los aviones, en los restaurantes y en los cines, ninguna minoría -a excepción de la plutocrática, que es la que siempre corta el salame- se hubiera permitido imponer condiciones a las mayorías, sean estas de cualquier tipo. Sin embargo, por la nefasta combinación de unos burócratas sesgados de la ONU, de los caballeritos de unas cuantas oenegés bien vitaminizadas y del dinero a chorros que unos homosexuales muy ricos aportan a la causa sexista, la agenda mundial de los comunistas reciclados se ha convertido en monotemática: todo en favor de la ideología de género.

El colmo
Si unos anormales con sotana o sin ella violan indistintamente a niños y niñas, si unos cobardes violan y matan a las mujeres indefensas a un promedio de una por semana, y si los niños y las niñas más brutos de cada salón de clase se juntan en manadas para hostilizar a los niños y las niñas más débiles y más tímidos, tenemos las formas básicas de la violencia de género realmente existente. Todas ellas vienen desde el comienzo de los tiempos; sin embargo, los burócratas del Ministerio de Educación peruano creen que con una fórmula mágica contenida en el canto Arroz con leche se puede poner fin a tan milenarios males. “Basta empoderarlas para que convenzan a los hombres que no es no”, dice una de las tías más regias en una reciente entrevista. ¿Sabrá esa damita qué es la llamada arrechura de King Kong?

Cine peruano
Quienes nos tomamos el trabajo de recorrer los canales de películas y chequear las decenas de cosas importantes que Netflix añade semana a semana, nos hemos topado con películas bolivianas de una factura admirable, así como con series croatas, israelíes y turcas con tanta economía de recursos que parecieran hechas aquicito nomás. Esas películas y esas series son buenas porque sus productores, sus guionistas y sus directores son creativos y no mendigantes como los que tú bien sabes, Salvador del Solar. Además, no andan torciendo la historia para hacer creer a los espectadores que los terroristas son buenos y los militares malos, malos. Aquí solo sobresalen las astracanadas de Alcántara. Y todas, todas, todas, esas astracanadas comienzan y terminan con lisuras. Paso.

¿En qué quedó?
Primero, la investigación del equipo médico que estuvo presente en los últimos minutos de vida del expresidente Alan García. Uno de esos señores tomó las fotos que hasta hoy están circulando en redes. Y en una de esas fotos se ven varias manos enguantadas, lo cual evidencia que habría más de un testigo.
Segundo, la investigación a las personas que le avisaron a América Televisión que el 17 de abril muy tempranito Alan García iba a ser llevado en cadenas a la Prefectura, precisamente a las mazmorras de esa penitenciaría. En ese canal hay una señora que sabe muy bien cómo es la nuez, ¿no?
Tercero, la investigación sobre el intercambio de favores entre Barata y los fiscales peruanos para que el primero eche a Nava antes de declarar oficialmente en Curitiba. Y antes, mucho antes, que los jueces encargados convaliden el pacto Barata-Pérez.

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