Cuatro planes reales para salvar la Tierra del fatal impacto de un asteroide


«Si hace 20 años hubiera dicho que me dedico a desviar asteroides, la gente se hubiese reído. Por fortuna, ahora es muy diferente», afirma Michael Kueppers, científico de la Agencia Espacial Europea (ESA) y uno de los responsables del proyecto HERA, el esfuerzo europeo por poner su granito de arena en la investigación de las rocas espaciales potencialmente peligrosas para la Tierra. Y no es cosa de broma, ya que muy cerca de nosotros, en nuestro mismo vecindario solar, se encuentra el llamado Cinturón de asteroides, una región entre Marte y Júpiter donde orbitan varios millones de asteroides de muy diverso tamaño -desde centímetros a miles de metros de largo-, cuya trayectoria puede desviarse para colocarse justo en dirección a la Tierra.

No sería algo nuevo para nuestro planeta, que ya ha visto eventos como el Tunguska, en el que una roca espacial cayó el 30 de junio de 1908 y destruyó la superficie de bosque del tamaño de la isla Gran Canaria -aniversario que se recuerda celebrando hoy el Día del Asteroide-; o el meteorito de Chicxulub, que hace 65 millones de años acabó con los dinosaurios.

Sin embargo, la humanidad ha empezado a preocuparse recientemente por esta amenaza. A finales de los noventa comenzaron a desarrollarse programas de defensa espacial, principalmente de la mano de la NASA y la ESA, buscando por un lado localizar objetos cercanos a la Tierra (llamados NEO por sus siglas en inglés) y darles seguimiento, así como un plan para desviar su fatal trayectoria en caso necesario. Y, de momento, se contemplan cuatro planes de actuación que varían en función del tamaño del asteroide.

Plan nuclear: para asteroides mayores de 300 metros

Las rocas mayores de 300 metros son bastante «escasas» en el cinturón de asteroides: de los millones de objetos de este tipo, solo hay unos 5.400 de entre 300 y 1.000 metros, y 930 de más de 1.000 metros. De hecho, al ser tan grandes, la mayoría están localizados y ninguno de ellos representa una amenaza para el próximo siglo. Sin embargo, los científicos tienen un plan para desviarlos en el caso de que exista riesgo: una bomba nuclear.

«No se enviaría directamente a impactar contra el asteroide, sino que se detonaría cerca para que la fuerza expansiva desviara el cuerpo, porque no queremos que se desintegre creando miles de amenazas más pequeñas», señalan desde la ESA en una mesa redonde celebrada en el Centro Europeo de Astonomía Espacial en Villanueva de la Cañada (Madrid), con motivo del Día del Asteroide.

De hecho, en febrero del pasado año, investigadores de la NASA publicaron un estudio en la revista «Acta Astronautica» en el que presentaban el concepto HAMMER («Hypervelocity Asteroid Mitigation Mission for Emergency Response»), que sería una nave de unas 8,8 toneladas de peso equipada con una cabeza nuclear.

Pero este sistema tiene algunos inconvenientes: sus efectos son demasiado incontrolables y, con todo, no sería suficiente en asteroides de más de 1.000 metros de largo. «Un meteorito tan grande como el que acabó con los dinosaurios sería, hoy por hoy, imposible de desviar», señaló Kueppers en la misma mesa redonda.

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