¿Corte normal o corte fino?

Por: Fernando Zurita

Hace un montón de años, cuando Ripley y Saga todavía no habían acabado de matar a todas las joyerías y las zapaterías de Miraflores, y las panaderías soportaban todavía la durísima competencia que ofrecían los supermercados que vendían pan y embutidos a toda hora, un par de veces a la quincena mi mamá me mandaba a comprar jamón del país cortado bien finito. “Para que alcance para todos”, me decía mi recordada mamita.

A pesar de saber exactamente para qué familia era el pedido, el panadero don Renato me preguntaba una y otra vez cómo quería que corte el jamón. “¿Normal o finito, Nandito?”, preguntaba el tano. Y yo tenía que repetirle por enésima vez que lo quería lo más delgado posible, mientras imaginaba a mi mamá cortando abundante cebolla, mucho ají y harta cebolla para darle mayor volumen al emparedado que ya en ese entonces se llamaba sándwich por esos lares. Y se me hacía agua la boca. Como ahora.

Hoy, al escuchar a Úrsula Letona decirle adiós a Fuerza Popular sin dar la batalla interna para ganarle el pulso a Yeni Vilcatoma, creo que hay más de una fuerza política dedicada a cortar al fujimorismo en pedazos. A punta de cortes delgados, de cortes medianos, de cortes gruesos o a los hachazos, el partido de Keiko, ese jamonazo tan envidiado y tan deseado, será destruido. No importa cómo, pero no hay duda que terminará reducido a un tamaño mínimo, tal vez como un puño de niño, dudando sus enemigos si lo convierten en picadillo para chaufa o lo tiran a los perros.

¿Cómo se convirtió la fuerza que ganó la mayoría parlamentaria más grande de la historia nacional en ese grupo de personas enfrentadas entre sí? ¿Cómo una ultra relacionada y muy solvente abogada corporativa puede salir huyendo sin presentar pelea ante una acusación medio rara de una dama no siempre reconocida por su coherencia? ¿Por qué la gente de solvencia moral y económica que apoyó a Fuerza 2011 y Fuerza Popular en sus serísimos intentos de llegar al poder en las elecciones anteriores no llaman a parlamentar a los quince o veinte políticos realmente fujimoristas que quedan, y salvan a ese partido decididamente anticomunista?

¿O es que alguien quiere que el fujimorismo deje de existir para que otro movimiento ocupe su lugar?

Si la respuesta es afirmativa, ojalá que esa fuerza acabe para siempre con los Arana, Apaza, Dammmert y las histéricas de Nuevo Perú.

Si la respuesta es negativa, entonces déjense de cojudeces y peleen por su honor. Si es que algo de eso les queda.

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