Agua en las alturas

Por: Joaquín Verduguillo

Desde que las lluvias de El Niño arrasaran con todas las tierras sembradas en 1983, destruyendo la ya muy debilitada economía nacional, me pregunté por años qué se podría hacer para disminuir la capacidad destructiva de los huaicos veraniegos. Y utilizar el agua para cultivar la tierra. Veinte años después, en una cabina de radio escuché a Jorge Morelli relatar cómo, poco después del diluvio del verano de 1998, el entonces presidente Alberto Fujimori volando en un helicóptero del Ejército descubrió en las alturas de Junín un gigantesco manto verde llamado Loma Linda. Cuando la nave aterrizó, Fujimori buscó a los habitantes de esos campos, y estos le contaron que hacía decenios que sembraban agua.

Ahorrar agua
De regreso a Lima, el presidente averiguó en qué época del año llovía más en los Andes, cuánta agua se perdía al no poder almacenarla y cómo se podría replicar el sembrío de agua de Loma Linda en otros lugares, reteniendo en las alturas los millones de litros de agua que llueven anualmente y que se pierden en el océano, tras descender convertidas en huaicos destruyendo todo a su paso. Cuando pensaba que tenía que existir una respuesta a cada una de sus preguntas, un técnico de Agricultura le habló de la Granja Porcón en Cajamarca. Fue a verla.

El futuro de la sierra
Luego de hablar con los dirigentes comuneros de Porcón, el hombre al que hoy odia la mitad del país tuvo las respuestas que buscaba. Más tarde, con técnicos en metalurgia, en pastoreo y en flora y en fauna andinas vislumbró el proyecto que transformaría los cerros pelados de las alturas en campos para cultivar árboles de maderas finas y tierras para sembrar pastos para alimentar ovejas y auquénidos. Finalmente, con los dineros obtenidos del comercio maderero, de lana, de pieles y de los etcéteras, Fujimori pensaba recuperar un millón de hectáreas de andenes preincaicos e incaicos.

¿Cómo lograrlo?
Según el antropólogo Jorge Morelli, Fujimori pensó en almacenar las aguas de las lluvias en los Andes situados arriba de los 3000 metros. Para eso mandó construir tractores con palas que pudieran cavar las rocas del macizo andino. Una vez creada una gigantesca red de depósitos para el agua de lluvia, esta serviría para irrigar centenares de miles de hectáreas de cultivos. Desde Cajamarca hasta Puno, los habitantes de las alturas tendrían comida y trabajo, tanta comida y tanto trabajo que más de un técnico dijo que habría que importar pastores para hacerse cargo de los millones de ovejas, de llamas, de alpacas y de vicuñas que pastarían en esos lares. “Iniciaríamos el ciclo inverso de la migración”, dijo el ex presidente. A todos les brillaron los ojos.

 

One thought on “Agua en las alturas

  • 13 febrero, 2019 at 12:35
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    Yo creo que el Ingeniero Fujimori en principio tuvo buenas intenciones, lamentablemente la influencia de Vladimiro Montesinos lo contaminó. Respecto a lo de la nota hubiera sido muy beneficioso si se hubiera realizado ese proyecto, lamentablemente casi siempre un nuevo gobierno busca de imponer sus planes, sin importarles si era beneficioso para el país .

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