Siempre fue una basura


Por: Fernando Viaña

El martes 31 de mayo de 1994, alrededor de las cuatro de la tarde, Alejandro Toledo Manrique nos dijo a los máximos ejecutivos de la segunda cadena periodística del país que Genaro Delgado Parker lo había convocado a un hotel parisino de cinco estrellas para ofrecerle el apoyo de un grupo importante de connacionales en la estructuración de una candidatura alternativa a la de Javier Pérez de Cuéllar. Cuando le dijimos que esa candidatura disminuiría las opciones del ex secretario general de las Naciones Unidas y le pondría la victoria en bandeja al presidente Alberto Fujimori, Toledo esbozó su mejor sonrisa y lo negó. Como lo haría una y mil veces en los siguientes años.

El martes 2 de mayo de 2000, alrededor de las 12 de la noche, a pedido de Álvaro Vargas Llosa, Toledo nos había reunido en su casa de Camacho a Luis Iberico, Iván García y a mí para pedirnos que lo ayudáramos a hacer unos periódicos similares a los que controlaba Vladimiro Montesinos e insultaban diariamente a todos los enemigos del régimen. En medio de la conversación, el sobrino predilecto del nativo de Cabana se le acercó al candidato para decirle que había unas personas en la puerta del condominio que querían hablar con él. Toledo se levantó, salió de la casa y se ausentó por unos veinte minutos. Cuando regresó acompañado de su mujer y de su sobrino, el hombre que ayudó a derrotar a Pérez de Cuéllar en 1995 nos dijo que acaba de mandar al carajo a un enviado de Montesinos que le ofrecía 50 millones de dólares si renunciaba a competir en la segunda vuelta. Curiosamente, Toledo renunció a su candidatura y se marchó del país. Hasta ahora Gustavo Gorriti, portavoz de Alejandro Toledo, no nos ha explicado cómo fue esa famosa renuencia.

Unos meses antes de ese mayo oscuro y lleno de dudas, en medio de una reunión en el Hotel Sheraton con Alberto Andrade, Luis Castañeda y los plenipotenciarios del Apra, de Acción Popular y del Partido Popular Cristiano para ver cuál de ellos podría encabezar la lista única de la oposición democrática contra Alberto Fujimori, Toledo pidió permiso para hacer pis y, en lugar de dirigirse a los servicios higiénicos, se presentó ante los periodistas que esperaban la información y les dijo que acababa de ser elegido candidato de consenso de toda la oposición. Cuando Andrade y Castañeda se dieron cuenta de la criollada, los corresponsales de la prensa extranjera ya habían difundido la especie urbi et orbi. Al día siguiente, el artículo de fondo de El Comercio que debería haber contado todo lo sucedido en el Sheraton salió empastelado, es decir, la pésima diagramación de la crónica impedía que los lectores supieran el tamaño de la zamarrada de Toledo.

En los meses y años anteriores y posteriores a estas historias de la vida real, Alejando Celestino Toledo Manrique mintió, falseó su historia personal, negó lo evidente, pidió plata para sus campañas presidenciales y se la embolsicó una y mil veces. En los años posteriores a su triunfo electoral, Toledo negó y reconoció a su hija extramatrimonial, protagonizó innumerables escándalos y, esto recién se ha sabido, pidió comisiones por decenas de millones de dólares para posibilitar la construcción de carreteras tan caras como innecesarias.

Con el tiempo todos los peruanos sabemos que Alejandro Toledo es lo más parecido a una inmensa lata de basura. Más que una lata, un contenedor. Más que un contenedor, un gigantesco relleno sanitario.

Pónganse barbijos, y esperen el dictamen del juez de garantías que dirá el viernes si Toledo afronta el proceso de extradición en una celda o en su casa.

2 thoughts on “Siempre fue una basura

  • 18 julio, 2019 at 12:14
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    Uno de los mejores presidentes, en comparación de Ratalan y FUJIRATA

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  • 18 julio, 2019 at 12:17
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    Una RATA APRISRA o FUJIMORISTA tiene que ser bien basura para criticar este chollo.

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